Un homenaje "fantástico a Benedetti"


de JAVIER FERNANDEZ JIMENEZ
NO ME CUENTES MAS CUENTOS



Un homenaje "fantástico a Benedetti"

Buenas tardes a todos, amigos y oyentes de El Bosque de las Palabras. Esta semana, todos los aficionados a la literatura estamos un poco más tristes, porque todos nos hemos quedado un poco huérfanos ante la muerte de ese comprometido poeta llamado Mario Benedetti, la sección fantástica del programa no podía dejar de participar del homenaje que Francisco y todos vosotros le estáis ofreciendo esta tarde y traigo nuestro propio homenaje.

Porque cuando un escritor abandona la Tierra los reinos fantásticos amanecen nublados y poblados de nieblas, nieblas que cubren la vitalidad de sus paisajes y demuestran que las propias tierras son capaces de llorar si es necesario. Los reinos fantásticos, más que cualquier otro lugar del mundo, nacen de la mente de los escritores y si tienen suerte viven mucho más que aquéllos que les dieron la vida. Todas las criaturas fantásticas han surgido de la mente de un escritor, por eso hay tantas como personas capaces de imaginar y por eso todos somos capaces de identificarnos con algún personaje extraído de un libro de fantasía. Quizás por eso es por lo que, cuando aprendemos a amar los libros, solemos acercarnos tímidamente a este mundo, repleto de las más increíbles elucubraciones de los encargados de poner negro sobre blanco sus pensamientos, esos locos que deciden plasmar sus ideas para que otros puedan leerlas y hacerlas suyas.

Por todo lo que he leído estos días, Benedetti era uno de esos escritores con los que uno se identifica desde el principio. Un luchador y un crítico de la sociedad moderna, un abogado de los pobres o un escritor capaz de cobijar bajo su fama a plumas noveles que aún no han osado abandonar el nido por miedo a estrellarse.

Cuando muere un escritor las guerras se detienen en todos los libros de Fantasía, y es en esos momentos cuando trasgos, elfos, orcos, enanos, ogros, hombres, trolls, hadas, hobbits, kenders y todo el amplio surtido de razas fantásticas, se reúnen bajo los lugares en los que son despedidos sus dioses ancestrales, en paz y mostrando su dolor, aunque sin dejar de mirar de reojo a sus enemigos, sabedores de que una página más allá estarán combatiendo, quién sabe, incluso a muerte. Las ruedas del destino se detienen durante el instante de la despedida, la magia se agota y regresa de pronto, con una furia inusitada. Cuando muere un escritor las páginas de los libros se emborronan cual cartas de novios separados. Todo parece carecer de un sentido, pues la vida misma se ha perdido.

Hoy, volando sobre un dragón blanco de la buena suerte, he visto que la Torre de Marfil era algo menos reluciente de lo habitual; la populosa Phalanthas parecía un lugar desolado y yermo, hasta que me he dado cuenta de que lo que ocurría en realidad era que todos sus habitantes guardaban silencio en señal de respeto; Isthar no había perecido bajo el Cataclismo; la Academia de Hogwarts dejaba a un lado las disputas de sus aprendices de magos y todos aclamaban la figura del caído como si una pelota de Quiddich se tratara; los efrits y los genios habían abandonado el Otro lado y aguardaban junto a sus amos la llegada del nuevo habitante fantasio; un mago de Terramar ansiaba conocer el nombre verdadero del nuevo miembro de la comunidad fantástica. Todos los reinos estaban en penumbra, sepultados bajo nubarrones negros que amenazaban tormenta, incluso las Tierras Yermas del Reino de los Dragones.

Cuando he abandonado el lomo de Fújur y me he aupado en Kellendros, él me ha llevado mucho más arriba, a contemplar en panteón de Padres de Fantasía y me he entretenido viendo en ese Olimpo extravagante a genios literarios que charlaban amigablemente al albur del aroma de un buen café o un té mentolado. Algunos esgrimían bebidas más audaces, como un tipo vestido de negro y con la mirada aguileña que me ha enseñado con una sonrisa, casi macabra, una negra botella de absenta. El cuervo que ha salido a mi encuentro me ha hecho recordar algunas historias tétricas y me he decidido a regresar al suelo.


Junto a pegasos y unicornios hemos aterrizado y me he acercado a unas montañas donde unos gigantes comerrocas haraganeaban, apartando de tanto en tanto a los molestos roks con palmadas estruendosas. Desde el suelo he visto la procesión de criaturas que avanzaban en una misma dirección, como un río heterogéneo de diversos colores, tamaños y posturas. Eran todos los personajes fantásticos que habitan en los libros gracias a algún escritor, más o menos conocido. Al aproximarme al río he visto a las musas y éstas sí que lloraban desconsoladamente, pues, según me dijo una llamada Luz, ellas habían perdido a un escritor al que tenían especial cariño.

Al acercarme al río he visto todo tipo de seres, pero ninguno más lloraba, todos parecían acudir contentos a algún lugar imposible, existente sólo gracias a la imaginación de los autores. He visto a todos los héroes, villanos y simples personajes que han desfilado por la literatura. Los he visto contentos y resueltos, decididos a ir de fiesta.


Al caminar junto a ese río desbordado he atravesado mundos y ciudades de leyenda, he estado muy cerca de Arsilon e incluso he visto de lejos Minas Tirih. Caminando junto a Legolas y Gimli, que sonreían sin cesar, he llegado a la altura de Moria y al atravesarlo me he topado con la Vetusta Morla, que de un estornudo me ha enviado al hogar de los Etéreos…

Todos sonreían, todos y al regresar, después de haber capturado y convencido a un grifo de que me trajera de vuelta, me he encontrado con una diminuta duendecilla que me sonreía con su carita infantil repleta de pecas. Me he mostrado sorprendido por la algarabía y la alegría que había en todos los reinos de Fantasía, cuando al principio sólo me había topado con tristeza y melancolía. La niña duende ha vuelto a sonreír ante mi pregunta de por qué los personajes se alegraban de una gran pérdida, me ha guiñadp un ojo y me ha dicho.

-Ah. Todavía no lo sabes, cuando un escritor muere en el mundo, renace para siempre en los mundos fantásticos –y me ha dejado boquiabierto y sorprendido, pero a mi vez, sonriente.













Bueno, éste ha sido nuestro humilde homenaje a la figura de Mario Benedetti. Ya en temas más mundanos os diré que cuando me fui a la mili, hace ya unos añitos, dejando a medias el curso. Mi profesora de literatura, una argentina llamada Sulma, hizo que toda la clase me dedicara un poema, para que mi estancia en Melilla fuese más llevadera. Todos firmaron un poema excelente que leo y escucho siempre que puedo, un poema de un tal Mario Benedetti llamado “No te salves”, seguro que os suena. A mí me encanta.

Y ya para despedirme por esta semana no quería marcharme sin leer un pequeño poema que podría resumir parte de los pensamientos de este excelente escritor. Desganas.


Si cuarenta mil niños sucumben diaramente
en el purgatorio del hambre y de la sed
si la tortura de los pobres cuerpos
envilece una a una a las almas
y si el poder se ufana de sus cuarentenas
o si los pobres de solemnidad
son cada vez menos solemnes y más pobres
ya es bastante grave
que un solo hombre
o una sola mujer
contemplen distraídos el horizonte neutro

pero en cambio es atroz
sencillamente atroz
si es la humanidad la que se encoge de hombros.

Mario Benedetti


DESGANA de Mario Benedetti

i cuarenta mil niños sucumben diariamente
en el purgatorio del hambre y de la sed
si la tortura de los pobres cuerpos
envilece una a una a las almas
y si el poder se ufana de sus cuarentenas
o si los pobres de solemnidad
son cada vez menos solemnes y más pobres
ya es bastante grave
que un solo hombre
o una sola mujer
contemplen distraídos el horizonte neutro
pero en cambio es atroz
sencillamente atroz
si es la humanidad la que se encoge de hombros.


MARIO BENEDETTI 1920-2009

HASTA SIEMPRE, MAESTRO

Hoy, si me lo permitís, este café tiene que estar dedicado al maestro, al que enseñó a la poesía a serlo, al que nos decía aquello que mucha gente no quería escuchar, al que removía las conciencias, al poeta del exilio, al del compromiso social, al de la libertad.

Nos ha dejado Benedetti, y os invito a dejar alguna de sus poesías en este café, para leerlas mientras él nos observa, no desde ese cielo que no está echo para las personas buenas, sino desde detrás de nuestro hombro, desde la silla de al lado, en nuestros suspiros.

Que hable el maestro:

CHAO NUMERO TRES

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.
Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.
Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.
Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.
Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.
Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.
Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.
Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.
Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.




MARIO BENEDETTI 1920-2009

AMA de Parfait Atchade

Ama para caminar bajo la lluvia
Ama para comprender a Shakespare
Ama para escrutar tus sueños
Ama para no cumplir con tu orgullo
Pero, no ames por impulso
tampoco por ser amado.

¿De qué querías hablar,
del Amor o de tus sentimientos?

El Amor es un estado;
es otro mundo...



El Amor es una de las grandes virtudes de este mundo pero puede resultar una de las perdidas de este mundo... (Amor a amor)


Diciembre de 2000

Parfait Atchadé

BLOG: CAMINANDO

DESORDENADO

Si las cosas siguen su orden
un día abriré la casa de mis padres y mis padres ya no estarán.

Me da pánico pensar más allá de eso:
el vértigo de mis sentimientos no se atreve acercarse al bordillo de la caída libre
que supone el seguir viviendo,
el seguir vivo
sin la sonata de espuma que es la voz de mi madre
diciéndome “tranquilo, escandar, tranquilo…”

Si las cosas siguen su orden
un día cerraré una caverna vacía con mi sombra dentro.

Y del eco saldrá un réquiem
Y el tiempo ya no será más un reloj
y el horror a caduco se filtrará por las paredes.

Yo, a los miedos, los combato con desorden.

Pero cada noche
sigo rezando
por la inmortalidad de las madres.

ESCANDAR

.....HOY, POR SER JUEVES SANTO


S E Ñ O R


Te he rezado Señor, con tal frecuencia,
En pedidos y ruegos sollozados,
Que en nombre de tu amor, he desgajado
Mi egoísmo, sin medir las consecuencias

Pido y pido a tu cruz, con tal vehemencia
Que cansado has de estar de mis encargos,
Perdóname Señor, Jesùs amado,
Descansa tu cabeza en mi regazo

Eres luz que disuelve los pecados
Sanación en el pecho del enfermo
Libertad en la palma de la mano
Y perdón, a la hora del recuento

Esa cruz que llevaste hasta el Calvario,
Entre gritos, negaciones y perfidia,
Abonó bien el camino, en todo caso,
Nueva Era se iniciò, de su semilla


ARMIDA MARTÌN




Tras varios tequilas las nubes se van pero el sol no regresa



Caminando por el puerto, con el desgarbo de la borrachera, todo parecía diferente. Dejar a María en el restaurante y salir huyendo quizás sí había sido la mejor decisión de su vida. Se quitaba de encima de un portazo la hipoteca, los hijos que no tenían, las letras de los coches que iría comprando a medida que aquellos hijos se hicieran grandes, las vacaciones en casa por no poder pagar ni un hotel, las noches sin dormir deseando su cuerpo mientras ella le ignoraba, los domingos en casa, las amigas de María…



A lo lejos, en el horizonte, un barco se afanaba por llegar a puerto. Era un barco pequeñito, de aquellos que en un tiempo lejano salían cada día a pescar, pero que con las reconversiones necesarias para la sociedad del bienestar, ahora se dedicaba a pasear turistas bruñidos con el blanco sol del norte. ¿Y si cambiar su vida significaba dejar atrás esas cosas que le unían al pasado? Cambiar el trabajo, dejar la ciudad y marcharse muy lejos, buscar una aventura en cada lugar donde llegara, reír hasta no poder más y ver cada día como amanecía sobre su cabeza. Alzó la cabeza, cerró los ojos y respiró el aire salobre, olía a limpio, a futuro.



Esperó a que el barco amarrara y miró como descendían los pasajeros. Sus ojos achispados examinaron detenidamente una a una las personas. Todas reían, todas parecían felices. El hombre que se encargaba del amarre era más o menos de su edad, se acercó a él intentando establecer una conversación, pero el capitán se limitó a mirarle de arriba abajo, echar una sonrisita de menosprecio por su evidente borrachera y saltar al puerto para perderse entre aquellos que cruzaban el malecón. Tenía prisa por alejarse del mar.



Al bajar la cabeza, se presentó a él la imagen del restaurante. Maria quería tener un hijo, se lo pedía casi llorando. Pero para él un hijo significaba demasiado, significaba el egoísmo de aferrarse a una vida que se le escapaba cada vez que respiraba. La opresión del pecho le hizo volver a la realidad con dureza. Por un momento le faltó el aire y creyó que acabaría cayendo al suelo. Todo empezó a dar vueltas, el mar de desvaneció mientras el barco se alejaba de sus ojos. El azul del cielo se volvió gris, como si se estuviese preparando una terrible tormenta. Ni siquiera sintió el golpe contra el cemento.



Se despertó y ya casi era de madrugada. Le dolía la cabeza, no, más bien era el corazón lo que le dolía. No sabía dónde poner la mano para aliviar su padecer. El puerto se había llenado de barcos y las farolas relucían cansinas a una noche fría de otoño. Se sintió solo, estúpido en un mundo estúpido y su egoísmo estúpido le dijo que lo mejor era volver a casa junto a María.


CHARO BOLIVAR 

Alguien los es todo a la vez


Me detengo ante un paisaje cotidiano y absurdo. Una playa vacía de invierno. Vacía de gente, de risas, vacía, al fin y al cabo, de ruidos.

El cielo y el mar son tan azules que hacen daño a los ojos. El reflejo del sol dibuja matices oscuros, turquesa, celeste y añil. Las tímidas nubes que motean el horizonte lo hacen avergonzadas de romper la coherencia del azul, y a veces, se mutan en espuma blanca sobre las olas. La ausencia de pájaros es extraña, siempre hay gaviotas que vuelan sobre el mar, sin embargo el día de hoy se muestra sereno sin su presencia.

Mirar ese mar me resulta relajante, me invita a continuar; a despojarme de todas las capas de insensibilidad, a sumergirme en los entresijos de sus gotas y descubrir algo oculto. Me desnudo en la playa, hace frío per la brisa gélida se me antoja música. Me llena de azul, de brisa y de sol, me llena al fin y al cabo de esperanza.

Es deifícil dejarlo todo atrás y volver a comenzar, es casi imosible. Siempre queda algo. Siempre te viene un recuerdo en un sueño, cuando más abatido estás. Y entonces los inconveninetes de la memoria te tocan hondo y te desplazan en el espacio y en el tiempo. Aquella mirada amarga, aquella sonrisa ingenua, aquellas noches sin dormir y sin parar de hablar. Eso es lo que hay que dejar atrás para volver a nacer.

Per en realidad es tan fácil como sumergirse en el mar, colmarte de agua y de luz y escuchar las pequeñas burbujas de aire que tu propio cuerpo desplaza. También son música que te acarici ala piel. El tacto frío del agua te despierta de todos tus sueños pasados y te invita a dejarlos atras. Y te dice en un susurro: ¡déjalos irse! ¡Vendrán nuevos, no lo dudes!

Charo Bolívar - marzo 2009

Alfonsina y el mar

Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más,
un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda.
Un sendero solo de penas mudas llegó
hasta la espuma.

Sabe Dios qué angustia te acompañó
qué dolores viejos, calló tu voz
para recostarte arrullada en el canto
de las caracolas marinas.
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
la caracola.

Te vas Alfonsina con tu soledad,
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.


Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado.
Y los habitantes del agua van a jugar
pronto a tu lado.

Bájame la lámpara un poco más,
déjame que duerma nodriza en paz
y si llama él no le digas que estoy
dile que Alfonsina no vuelve.
Y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.

Félix Luna - Ariel Ramírez

CHARO BOLIVAR 2009

Carta a un ángel


Ha pasado ya tanto tiempo que casi ni recuerdo tu rostro, tu mano, tu mirada. Hoy por fin me he decidido a escribir esta carta. Mi pulso tiembla y a mi recuerdo vienen esas imágenes que tanto tiempo he tenido arrinconadas en mi mente.
Nunca pude agradecerte tu ayuda, nunca he sabido nada más de ti. Me duele por dentro el recuerdo.
Poco a poco voy superando el miedo gracias a mi marido y a mi hijo. Pero aún no soy capaz de acercarme ni tan siquiera a cien metros. Tiemblo, me recorre un escalofrío por el cuerpo y viene a mi mente ese olor. Tan nauseabundo, tan horrible.
No recuerdo días pasados, pero sí ese momento crucial donde te conocí.
Fuiste mi ángel de la guarda. Saliste como caído del cielo. Estaba tan asustada, tan dolorida y sentí tu mano. Tú me sacaste del infierno y gracias a ti estoy viva. Tengo otra oportunidad.
Mi pulso se estremece y las lágrimas brotan amargas. Otra vez el recuerdo, otra vez el miedo.
Nunca he podido hablar con nadie de lo sucedido en ese momento. Nunca he sido capaz. Vivo como si todo fuera una simple pesadilla en una noche de tormentos.
De cuando en cuando veo cosas o personas que me recuerdan que todo fue real y corro despavorida hacia casa. Me encierro en el cuarto y rompo a llorar. Me pregunto ¿Por qué yo? ¿Por qué no todos? ¿Qué sentimiento les llevó a cometer semejante barbarie?
No logró entender como se puede sesgar una vida y arruinar la de muchos otros. Yo ya no soy yo. Solo un espectro de lo que fui.
No puedo evitar que las lágrimas inunden mis ojos.
Tantas vidas destruidas, tantos sueños e ilusiones rotos. Solo dolor y más dolor. Cuantas risas se callaron ese día, cuantos que no podrán jamás nacer porque les han quitado a sus padres.
Niños que jamás serán adultos. Hombres y mujeres que jamás serán padres. Ancianos que jamás volverán a abrazar a sus nietos. Vidas y familias rotas para siempre. Solo eso.
Me gustaría poder saber de ti, que conocieras a los mios, a mi marido Pablo y a mi hijo Juan. Nació hace 3 meses y todo gracias a ti. Cuando sea mayor y pueda comprender lo sucedido le hablaré de ese segundo padre que me ayudó. Tu eres ese segundo padre y siempre lo serás. Por eso lleva tu nombre. Juan. Mi ángel de la guarda.
Las secuelas de mi cuerpo ya casi están curadas. No así las de mi mente. Pero logró salir adelante gracias a tus palabras grabadas a fuego en mi mente.
"Todo saldrá bien, no te preocupes yo te sacaré de aquí"
Estoy llorando otra vez, no puedo evitarlo.
Seguro que si estuvieses aquí me dirías que llore que saque este dolor que me come por dentro.
Me devora poco a poco. La rabia se apodera de mi y maldigo en ocasiones a los responsables de todo. Ellos no pueden llamarse personas. No pueden. Arrebataron la vida de inocentes.
No era nuestra lucha. Nosotros no teníamos que pagar por ello. Nadie jamás tendría que haber pagado por ello. No es justo. No tenían que haberlo hecho. Por su culpa tengo esas imágenes grabadas en mi ser. Ese dolor que me quema, esa angustia de seguir viva.
Muchas son las noches en las que las pesadillas no me dejan dormir. Recuerdo ese fuerte sonido, un golpe y los gritos.
No podía ver nada. Un olor nauseabundo inundó todo. Tenía ganas de vomitar y estaba aterrada ¿Qué había sucedido? ¿Qué pasaba? Un dolor espantoso por todo el cuerpo y noté como la sangré resbalaba por mi rostro. No podía moverme. No era capaz. Estaba atrapada por unos hierros. Y de repente silencio. Solo silencio.
Me estremecí y quería gritar pero no podía. Los móviles de aquellos que estaban también es ese fatídico momento comenzaron a sonar. Una y otra vez llamadas y más llamadas. Pero no había nadie para contestar. Casi todos estaban muertos. Empecé a llorar, y no podía parar. Tenía miedo a la muerte y gritaba el nombre de mi marido. Le pedía dios que me dejara salir de allí que me enviase a alguien que me sacase de aquel infierno. Solo eso. Necesitaba ver a los mios aunque solo fuera una vez más.
Sentí tu mano. Giré mi rostro y te vi. Me quedé paralizada y paré de llorar. Sabía que me estabas hablando pero te escuchaba en la lejanía. Me cogiste entre tus brazos y me sacaste.
Recuerdo tu mirada fija. Tus lágrimas contenidas. Cuando por fin logré salir del infierno contemple horrorizada lo que quedaba de aquel lugar.
Te pregunté que había pasado pero no fuiste capaz de decírmelo. No lo sabías, ni yo tampoco. Mi ultimo recuerdo fue en la ambulancia. Estabas a mi lado y cerraste las puertas. Ya no logró recordar más. Luego supe que me había desmayado. Después de tres meses en el hospital me entere de la horrible verdad. El tren en el que viajaba había sufrido un atentado. No había sido el único. Ese día ,el 11-M, toda España se levantó con la indignación y el dolor de tan cruel acto. Vidas y familias enteras rotas por el fanatismo y la intolerancia. Jamás podré llegar a comprenderlo. Pero tengo que salir adelante por mi hijo y mi marido.

Siempre permanecerá en mi recuerdo el instante en el que te conocí. Puedo decir que soy una mujer afortunada, pude ver y tocar a mi ángel de la guarda. Muchas gracias por tu ayuda y por tu valentía. Por siempre mi hijo Juan también será tu hijo. Ojalá pronto pueda tener noticias tuyas y entregarte esta carta. Deseo de corazón volver a verte y saber de ti. Gracias mi ángel de la guarda. Gracias Juan.

En el café.

A través del cristal puedo ver la lluvia caer lentamente. Las horas pasan sin otra compañía que un café en la mesa y tu, mi pequeño diario. Gracias a la pluma de jade relleno tus páginas en blanco.
Palabras que describen lentamente mi vida. Una vida llena de años y experiencias varias. El tiempo pasa incansable y fugaz. Mis manos ahora están llenas de vejez y cada vez me cuesta más escribirte.
Sola en la mesa como cada tarde contemplo a mi alrededor el bullicio del café. Caras nuevas cada día, miles de conversaciones en las mesas. Solo unos pocos somos los afortunados. Disfrutamos lentamente cada día de este maravilloso lugar.
Hoy me apetece más relatarte mis tardes en esta mesa. No quiero recorrer el paso de una vida que lentamente se apaga.
Llueve despacio, sin prisa. La gente pasa a través de este cristal cubiertos con sus paraguas mientras yo observo incansable.
Dentro en el café una mujer y un joven están sentados al lado de la maquina de tabaco. Casi todos los jueves se reunen aquí y charlan un rato. Ella huye seguro de un matrimonio roto. Siempre guarda su anillo en la chaqueta roja y se sienta a la espera de su joven amado. Conversan siempre en un tono bajo y constantemente observan a la gente que los rodea. Ella sonríe nada más verlo y siempre piden un café y una manzanilla. Es como su pequeña rutina. Se acarician sus manos lentamente por debajo de la mesa. Ella no para de sonreír y él le corresponde con una caricia en la mejilla. Siempre sentados en la mesa del fondo. Como si intentaran ocultar sus romance al mundo. No puedo evitar fijar mi mirada en ellos. Son ya muchos meses siendo testigo ciego y mudo de su amor. En media hora cada uno se marchará por lugares diferentes. Esperando que llegue el jueves para otro encuentro furtivo lejos de su vida rutinaria.
Sentado en la barra un hombre lee tranquilamente el periódico mientras se toma una cerveza fría. Hace poco que está por aquí pero ya le ha tomado confianza a la camarera. Siempre charlan entre los descansos entre cliente y cliente. Ella es su confidente. Noto como él quita sus penas gracias a sus charlas. Su vida también ha debido ser dura. Pues su cara está curtida por el tiempo. En la barra siempre deja su tabaco y su cartera marrón. De vez en cuando la revisa y observa una foto en su interior. Creo que puede ser su esposa y ya no debe estar a su lado. Su cara se entristece un poco mientras la ve y frota incansable su anillo.
Enfrente de esta mesa una joven estudiante. Siempre con su ordenador y sus libros. Siempre está feliz y sonriente y pide el mismo café que me tiene enamorada. Solo con unas gotitas de leche y un poco de canela. Tecletea en el ordenador y ríe constantemente. De vez en cuando noto como se sonroja al leer en aquella pantalla palabras que probablemente pueden ser de un amor no conocido. Todas las tardes me saluda y se sienta en frente. Cada buen rato aparta sus ojos de sus libros, me ve y sonríe. Es una chica muy dulce. Su voz es cálida. Es la única en todo este lugar que nota mi presencia. Todos los demás están solo centrados en su mundo. No se paran a contemplar la vida que discurre a su alrededor.
Me doy cuenta con el paso de los días que yo también tengo mi rutina. Entro despacio. Abro mi bolso y saco mi pluma para rellenar tus hojas Siempre café con unas gotitas de leche y canela. Bien caliente. Aunque al final siempre me absorbe contarte mis historias. Cuando por fin mis labios entran en contacto con su delicioso sabor está frió. No me importa pues lo que me tiene enamorada es su sabor. Ya va siendo hora de acabarme este café y volver a casa. Se está haciendo de noche y la lluvia no cesa. Hasta mañana querido diario. Mi única compañía día tras día junto con mi café.

TU PUEDES de MARIA DEL VALLE IBAÑEZ

Así como todos los cuentos empiezan, diría había una vez en un país lejano, donde los valles y el bosque se pierden entre sus inmensas hojas, paseando por cierto lugar y después de subir grandes montañas. Ada se perdió distraída por la hermosa belleza del paisaje, salió muy temprano hacía frió, abrigada con su anorak, gorro, bufanda, guantes, botas de montaña. La hierva mojada con el roció de la mañana eran comparables a diminutos diamantes que brillaban a su paso, el aire aunque helado acariciaba su cara disfrutando cada instante cada momento mientras los árboles se movían salpicándola con pequeñas gotas, se oyó una voz muy tierna casi impredecible al oído humano, solo Ada que desde su niñez tenía como le explicaba su abuela Ángela su “Don” podía percibir “Tú puedes ser más feliz”. ¿Quién eres? ¿No veo tu presencia? ¡Estoy perdida! Soy el guardián de este bosque, has venido por respuestas yo te las daré, ¿Ves aquel pájaro que está en el árbol más alto? Ada como si de algo normal se tratase contestó: si lo veo ¿pero no se tu nombre como recurriré a ti? Me llamo Menal y desde ahora te doy amor, luz y energía sigue las hojas que se mueven con el viento yo te guiaré, todo quedó en silencio y un leve viento levantaba las hojas a su paso, estaba cerca de el gran árbol que parecía más lejano mientras pensaba ¿Qué necesitará de mí?. ¡MENAL! Estoy aquí, ante el asombro de sus ojos si es que podía sorprenderle algo la imagen de un hombre con barba blanca y túnica dorada la esperaba, quiero presentarte a alguien que añoras desde hace tiempo y quiere verte, detrás del tronco del árbol una niñita preciosa de inmensos ojos marrones la saludaba con su manita ¿Cómo te llamas tu preciosa? Me llamo Alegría quiero encontrar el camino de regreso a casa, pues yo también estoy perdida ¿cual es tu casa amiguita? Está dentro de ti en tu corazón y tu alma estoy aquí para ser las dos en una, para que estemos siempre juntas, solo así encontrarás el camino de vuelta. Ada abrazó fuertemente al espíritu de la alegría y se fundieron en una, sus lágrimas ahora eran de felicidad. Menal con voz sabia le dijo puedes volver cuando te sientas perdida te haré otro obsequio pero siempre que lo necesites de verdad ahora vuelve a tu casa la encontrarás alegría te ayudará.

Mari

AMANECER

EL VIEJO CAFE POR MARIA DEL VALLE IBAÑEZ


Andrea, trabajadora incansable, en el banco en que ejercía de administrativa, una buena mujer alta morena y con unos ojos grandes negros, su pelo largo lo llevaba siempre recogido en el banco sus compañeros la admiraban con los que siempre se llevaba bien por su alegría y simpatía. Todos los días siempre a las 11 de la mañana se iba a almorzar; era sustituida por Carlos. Al volver la esquina como siempre encontraba el viejo y moderno café. Un edifico construido a mediados del S.XIX, típico de una ciudad pequeña, donde se mezclaba la burguesía, una incipiente industria rodeada de campos de trigo y frutales; en un principio ese café fue una tienda de coloniales, casi todo lo que se vendía era a granel, pastas, galletas, café, te, arroz; donde también se vendían velas y queroseno cuando aun se implanto la luz eléctrica en las casas. Las estanterías donde se guardaba la mercancía eran de madera maciza, oscura y vieja, un largo mostrador, al final del mostrador una centenariá caja registradora en su parte superior donde los números salia mecánicamente después de una venta y como punto final una etiqueta que decía “venta” asomaba después de los números que indicaban los precios. Del techo, pintado en azul donde se mostraban alegorías celestiales colgaban lámparas con un globo

El nuevo matrimonio que regia el café, Fermín y Fernanda quisieron conservar la estructura por dentro, Fermín un hombre unas manos prodigiosas, se encargo de restaurar el poco mobiliario que se podía salvar, compraron viejos muebles mesas sillas, conservaron aquel mostrador trataron de conservar la bellaza de lo añejo. Fachada reconstruida por el ayuntamiento, para así conservar parte del casco antiguo. Entrar y poder tomar un buen café y leer el periódico, era como si el tiempo se hubiese detenido, como si en las bibliotecas se sirviese café en las mesas. Todos los clientes siempre eran bien recibidos clientes habituales, como Andrea, Fernanda siempre la recibía con una sonrisa y unos “Buenos Días”, las paredes llenas de cuadros algunos antiguas copias, modernas donde muchos colgaban sus obras para venderlas. Al final de la sala un piano en la pared, que ocasionalmente sonaba cuando José, se sentaba delante del teclado, en una de las mesas, como siempre estaba aquel viejo amigo de Andrea, medico jubilado, Joaquín a sus ochenta años se había convertido en su mejor confidente y aprovechan el tiempo de almuerzo para hablar de sus cosas a pesar de la diferencia de edad, puesto que Andrea tenia 43 años era como estar hablando con unos de sus abuelos. En aquella jornada Andrea estaba exultante de alegría por que su hijo adoptivo vendría a pasar el fin de semana con su pareja y al contárselo a Joaquín se quito sus gafas de leer, dejo el periódico a un lado para poder escucharla con una sonría. Mientras almorzaban entró, Joaquín.

Al sentarse para Almorzar, Andrea como siempre, pedía un café descafeinado con leche descremada y un bocadillo de jamón dulce con queso. Vio de lejos como su otro amigo también llamado Joaquín, un hombre también mayor pero muy jovial. Casado felizmente desde hacía varios años y cada día más enamorado de su mujer. La cara de Andrea se iluminaba, siempre lo recibía con un beso, le recordaba a los caballeros de antes. Con su sombrero que solía quitárselo para saludar gentilmente, para saludar a las damas. Fermín le atendió con una amable sonrisa. Va a querer usted lo de siempre? Siempre con sus escritos y su pluma, elegía la mesa, situada al lado del piano, donde todos los jueves, José acompañado de su esposa, reservaban mesa para cenar y deleitarnos con música de Mozart y Vivaldi, entre otras piezas que también cantaba, las rancheras de Jorge Negrete las cantaba magistralmente y todas aquellas que los parroquianos solicitaban; faltaba un día para que todos-as celebrásemos por la noche con su música y canciones, el otro Joaquín como todos le decíamos, para no equivocarnos, se sentó en aquella mesa, pedía té con leche y aquellas galletas de té que Fernanda y Fermín, se hacían traer a través un amigo desde Inglaterra y que tanto le gustaban a Joaquín y se sumergía en sus escritos. Andrea ya sentada con su amigo el doctor para hablar de sus cosas. ¿Cuándo viene tu hijo Andrea? Estoy deseándolo. Sabes quizá venga mi otro hijo. No me digas que tienes ¿otro hijo más? A si lo adopté de mayor empezó a llamarme madre y desde entonces así ha seguido. Vendrá con su esposa y sus dos gemelas. Zoe y Tahima. Dime Joaquín como te encuentras? Te noto triste sabes que a mí no puedes engañarme ¿Recuerdas los sueños que tuve contigo? Si en el que era un fraile al que pedías consejo; no sé quizá ahora seas una reencarnación de ese fraile, en esta vida y estamos para ayudarnos mutuamente. Si Andrea no puedo engañarte. Estoy algo preocupado. ¿Qué ocurre Joaquín? No sé Andrea estoy recibiendo correos nocivos y muy tarde, horas altas en la noche y de madrugada, y lo peor no es eso mis nietos también, hablándoles mal de su abuelo. Andrea tenía que volver a su trabajo, los 20 minutos de su almuerzo pasaron rápido, tenía que regresar a su trabajo, su compañero Carlos estaría de los nervios. Día 25 y todos los jubilados irían a cobrar sus pensiones. Y Joaquín se quedó pensativo, Andrea no quiso preguntarle más. Cuando de pronto Joaquín, le dijo: el viernes subiré a tu casa para merendar, con Igor y contigo y hablaremos.

Andrea se despidió, algo preocupada pero sin decirle nada, le dio un beso en la frente y le dijo hasta el viernes. Vendrás el jueves a cenar y oír música? Tal vez. Sin más se retiró, Al salir se quedó mirando los cuadros de fuentes, que Silvina, traía para ser vendidos, pintados en tonos rosas, lilas y azules con algo de rojo, aún estaba allí el que tanto le gustaba, pensó en quedárselo si llegaba aún acuerdo con Silvina. Le dio por preguntar a Fernanda si estaba vendido: “No aún no ese en especial que te gusta tanto, no. Los otros están vendidos todos y a muy buen precio. Y la escultura de las “Tres Gracias” se la queda mi marido, ya se lo hemos comentado a Silvina le hemos encargado una cristalera para protegerla la pondremos al lado de la columna, Le dará más belleza al café. ¿Os reservo mesa para el sábado?” “Posiblemente no, vienen mis hijos y queremos estar en familia. Pues hasta mañana noche pues”. Andrea volvió al banco, la cola de personas estaba hasta la puerta. Su compañero sopló de alivio al verla. Después del excesivo trabajo por fin dieron las dos, horario de Verano no tendría que volver a la tarde. Pasó por el café observó desde la puerta, Y Fermín le hizo señas para que entrara: “Joaquín te dejó esta nota” mañana jueves no vendré, el ave ha caído. Mientras paseaba para su casa pensaba en aquellas palabras, pero se dijo así misma. El viernes me contará. Entró en su casa lo primero que hizo es darse una buena ducha y ponerse cómoda, la comida y cena de ese día ya la tenía hecha y congelada, solo tenía que calentarla. Al poco la puerta se abrió era Igor que llegaba de trabajar, una vez relajada le contó todo a su marido que quedó sorprendido de lo acontecido y también preocupado, apreciaba mucho a Joaquín. Después de hablar de la visita de sus hijos y nietas sonreían los dos de felicidad. La tarde transcurrió rápida, antes de que se diera cuenta era la hora de la cena y a dormir pronto, tenían que madrugar pronto. El despertador sonó justo a las 6 de la mañana, se ducharon, el cepillado de dientes, desodorante y a vestirse. Andrea nunca se pintaba ya era bella se decía delante del espejo, preparaba el café y se marchaba junto a su marido hacía el banco, tenía las llaves, siempre le gustaba llegar antes y preparar, cosas atrasadas para cuando dieran las 8`30 que habría el banco, estaba nerviosa tenía un presentimiento. Aquel jueves era tranquilo las horas no corrían en su reloj. Recibió la nota de Joaquín pero tenía la esperanza de verlo, entre el ajetreo de papeles y algunos clientes que ponían su cartilla al día, e ingresos, pagar algunos recibos y archivar prestamos de coches, llegaron las 11. Hora de almorzar, se dirigió al café algo alterada, no sabía explicar lo que le pasaba. Dio los buenos días como siempre a Fernanda y Fermín y sus ojos se dirigieron a la mesa. Joaquín no estaba, pidió un zumo de piña y un bocadillo de atún, se sentó en otra mesa, la de Joaquín estaba ocupada, por una sofisticada mujer, que encendió un cigarrillo muy finamente y se la quedó mirando, ojos marrones, media melena pelirroja con mechas rubias, y morena de tez. Como si esperase a Joaquín, pero para mayor sorpresa, cuando ya llevaba medio bocadillo, casi devorado del hambre que tenía, aquella mujer dejó su martini. Y se dirigió hacia Andrea. ¿Es usted Andrea? “Si dígame”. “Creo conocerla desde siempre. ¿Sabe algo de Joaquín? Intento localizarlo, llamarlo por teléfono, hablé ayer con el por Messenger pero se cortó pronto la comunicación”, Andrea discretamente no la informó de lo del viernes ni de la nota. “Esta noche volveré. Muy bien señora o señorita si lo veo se lo diré.” Andrea volvió pronto ese día a su trabajo aquel encuentro la había alterado. La señora Sofía como así dijo llamarse se marcho con un cigarrillo en mano. Silvina vendría como cada jueves para vender más cuadros y esculturas. Andrea prefirió hablar del cuadro que le gustaba para la noche. Cuando ya salía por la puerta Fernanda sin mediar palabra delante de aquella mujer le entregó otra nota. Hasta el viernes tarde recuerda en la merienda. Me han cerrado el blog en el que escribía.

Salió de prisa, Igor su marido la esperaba en la puerta del banco, aquel día salió antes. Aquel jueves era especial. Igor y Andrea hablaban de la cena en el viejo café y hacían sus planes para estar en el a las 10 de la noche. Pero aún quedaban unas horas. “Sabes cariño hoy nos vamos a comer fuera, ¡que sorpresa! ¿Y eso?, hoy me pagaron las horas extras y que mejor que llevar a mi mujer, para contigo gastarlas. ¿Donde vamos? Al Pio Bambino”. Los dos se dirigieron hasta el restaurante italiano donde tantas veces fueron cuando eran novios. Una vez en la mesa, pidieron una ensalada italiana especial de la casa y dos pizzas, con dos cervezas sin alcohol. “Así que mañana vendrá Joaquín a casa? Si eso me dijo, hoy no acudirá a cenar al viejo café. ¿Con lo que le gusta la música? Pues no sé tendrá sus motivos”. Entre charla y charla y tomar un café eran las 4 de la tarde. Pagaron y se fueron a casa, descansaron durmiendo un rato. Despertaron a las 7, una ducha para despejarse y arreglarse, entre duchas vestirse y tomar un café para despejarse eran las 8´30. Andrea se puso aquel vestido rojo que tanto le gustaba a su marido, zapatos de tacón alto y tan solo se pintó los labios, y su colonia preferida agua de rosas fresca y se hizo una larga trenza, Igor jersey azul claro y pantalón de lino en azul marino. Al llegar al café, estaba repleto. José con su esposa, el otro Joaquín también con su esposa. Silvina recogió el dinero de lo vendido y aseguró a Fermín y Fernanda que el lunes los repondría, las mesas, con una vela redonda encendida dándole un ambiente más íntimo y romántico en el centro. Andrea llamó a Silvina y al final llegaron aún acuerdo sobre el cuadro que le hacía tanta ilusión tener. El joven estudiante Miguel, estudiante en arquitectura, trabajaba para ganarse un dinero extra. La noche transcurrió tranquila, a no ser por la ausencia de Joaquín. La música sonaba maravillosamente y las canciones de José con su extraordinaria voz. La velada fue maravillosa Fernanda y Fermín radiantes al observar, la armonía entre todos. Y por tener la escultura labrada en piedra por Silvina. Al día siguiente tenían que madrugar. Así que decidieron irse pronto. Se despidieron. Ya en casa, hasta que de nuevo sonó el despertador a las 6 al banco e Igor a su trabajo jefe de almacén. Menos mal que aquella mañana hubo mucho trabajo y el tiempo transcurrió deprisa. Andrea no pudo ni ir almorzar como siempre, antes de que se diera cuenta eran las 2, paseo deprisa para llegar a casa. Y relajarse, preparó una ensalada de pasta y zumo de limón, y sandia. Igor llegaba al poco, comieron tranquilamente. Descansaron un duro día y pronto las 4, preparó la merienda tostadas con miel y canela, té frío y café, a las 4´15 sonó el timbre. ¡Era Joaquín! Después de saludar y ver la casa pasó al salón y se sentó. ¿Té o café Joaquín? Un té frío por favor. Se sentaron los tres y empezó ha hablar. Le dijo que le contaría todo. La verdad y toda la verdad. Explicando quien es uno y quien es otro… ¡Gritos, confusión, pánico. El presidente de la comunidad de vecinos; gritaba, que todo el mundo fuera a la calle, arrastrados por la avalancha de la gente que salían del supermercado que estaba en los bajos del edificio. En ese momento llegaban bomberos, policía, ambulancias y medios de comunicación. Entre el caos la gente marcho en todas las direcciones. Al día siguiente supieron había habido una fuga de gas por las noticias. Al instante, llaman por teléfono a casa de Igor y Andrea la trasladaban de población y de banco urgentemente, dejaron el piso de alquiler y se compraron una casita cerca del nuevo trabajo facilitada por el banco en que trabajaba. Con la precipitación del traslado. Perdió móvil y agenda de todas sus amistades. Y la vida de cada uno tomó un rumbo totalmente diferente, y nunca más supo de nadie. Empezaba un nuevo comienzo.

FIN

MARIA DEL VALLE IBAÑEZ
REFLEXIONES PARA CADA DIA.






CHARO BOLÍVAR- SOLO TE CONOZCO A TI


Conozco a personas que no pueden liberarse de su pasado

Conozco a personas que tienen miedo al futuro

Conozco a personas que se conforman con lo que tienen

Conozco a personas que nunca están contentas.


Conozco a personas que cambian de opinión en un segundo


Conozco a personas que nunca dicen lo que piensan


Conozco a personas incapaces de enderezar su vida


Conozco a personas que aman en silencio


Conozco a personas que no se atreven, que no se arriesgan


Conozco a personas que quieren tocar el cielo


Conozco a personas que viven el infierno


Conozco a personas que mueren cada noche


Conozco a personas que no saben buscar una salida

Y sin embargo me han dicho que hay quien arriesga,

Que hay quien es capaz de decir te amo


Que hay quien es capaz de decir basta


Que hay quien es capaz de salir adelante


Que hay quien es capaz de no mirar atrás


Que hay quien es capaz de romper la rutina


Que hay quien es capaz leer en los labios


Que hay quien es capaz de morir y nacer al mismo tiempo


Que hay… tantas personas que quieren cambiar su vida


Que no se conforman con lo que les ha tocado.


Sin embargo yo no conozco a tantas personas.


Solo te conozco a ti.




(c) Charo Marzo 2008